Los bancos y el dinero

El inicio del Foro Económico en la ciudad suiza de Davos y su alerta sobre el reparto desigual de la riqueza representan una buena ocasión para dar, en el breve espacio de esta columna, unas pinceladas sobre las funciones de los bancos.

Dos corrientes dominan el debate sobre esta materia. La más popular sería la que otorga a las entidades financieras un papel de intermediación entre ahorradores que depositan dinero y demandantes de capital, o sea los que piden  préstamos. A los primeros, los bancos les entregan un interés y a los segundos, les cobran otro, de tal forma que la diferencia entre ambos intereses constituiría el beneficio del banco. Esa puesta en relación entre oferentes de una bolsa pre existente de dinero y los demandantes de ella sería la base de la utilidad de dichas entidades y  de todo el negocio bancario.

La segunda teoría se asienta en la creación monetaria. Una teoría muy bien resumida en 2015 por los economistas del FMI y del Banco de Inglaterra Zoltan Jakab y Michael Kumhof, y de la que se hizo eco hace ya tiempo en Sin Permiso el economista Alejandro Nadal. Según esta corriente, los bancos proveerían financieramente al mercado de dinero a partir de los préstamos que otorgan, no de los depósitos previos. Para otorgar un préstamo los bancos no necesitan tener en sus cajas fuertes el dinero que se les pide, nadie se lo exige.  Luego, la carga de la prueba se invierte. El dinero se crea y se pone en circulación a partir del crédito que alimenta todo el  sistema.

El método funciona, por un lado, porque el dinero generado por los bancos cuenta con amplia aprobación, ya que las entidades financieras aceptan como medios de pago aquellos que ellos mismos crean (tarjetas, cheques, etc.) y, por el otro, porque el propio banco central está comprometido a poner a disposición de los bancos las reservas que demanden como resultado precisamente de esa actividad.  Finalmente, el nuevo crédito que se usa para inversiones y para consumo; acaba generando nuevos ingresos y como conclusión, más ahorro.

Por todo lo anterior, la rentabilidad esencial de los bancos provendría de la cantidad de crédito que pudiera cada uno generar y no de los depósitos que pudieran albergar. Una actividad de creación monetaria que se incrementa enormemente cuando la economía va bien y que, tal vez, explique porque los bancos nos “achicharran” con ofertas constantes para que nos endeudemos, a pesar de que, a nuestro entender, podamos estar en una situación de escasa solvencia.