Diésel

La Agencia Europea del Medioambiente ha señalado que en 2017 más de 30.000 personas han sufrido en España muerte prematura a causa de la contaminación. En este año que se inicia nada indica que la cifra vaya a ser muy diferente.

¿Es esa la factura del progreso? ¿Necesitamos que tres decenas de miles de padres, madres, abuelos, hijos o hermanos de muchos de nosotros perezcan para que así continúe el crecimiento económico? La respuesta a esas preguntas es que no. Ciertamente, en Noruega, el país con más coches eléctricos del mundo, ese ‘no’ se hace mucho más rotundo que en España. Porque en nuestro país no existe mucho más plan al respecto que ciertas medidas restrictivas a la circulación en momentos pico de contaminación en algunas grandes ciudades como, por ejemplo, Madrid.

Más allá de este evidente retraso en la toma de medidas frente a la contaminación, sí parece ya evidente que el motor de explosión comienza a tener los días contados y que al diésel, en concreto, le queda poco recorrido.

China, la segunda economía del mundo, formula dejar de fabricar vehículos con motores de combustión en 2025. En Oslo se propone prohibir en 2018 la circulación de vehículos con motor diésel.  París lo hará en 2024, Madrid y Ciudad de México hablan de 2025. Pero, ¿qué dice la gran industria automovilística sobre el asunto? Tras destaparse el software tramposo de Volkswagen, con el que se han emitido a la atmósfera toneladas de óxido de nitrógeno por encima de lo prometido, la respuesta no representa gran cosa y sí mucha lentitud en los cambios. Prefieren apurar al máximo el negocio de sus amortizadas plantas de producción a la par que empiezan a popularizar motorizaciones híbridas.

España, junto al resto de los países del sur de Europa, ha constituido dentro del diseño de las grandes empresas automovilísticas un mercado excepcional para el diésel. El número de vehículos en circulación con este tipo de motor, el  más contaminante, está muy por encima de otros países del centro y norte de Europa que se hallaban para las empresas de automoción dentro de otros tipos de estrategias comerciales. En resumen, salir de la espiral del diésel nos costará más a unos que a otros.

Sin embargo, apostar por un fin rápido y total de esta clase de combustible representa una excelente inversión en salud. Representa acercarnos a un crecimiento económico tecnológicamente mejor, más sólido y más sostenible, por mucho que las compañías automovilísticas y energéticas parezcan, a tenor de cómo se comportan, no tenerlo aún claro. En el próximo año que ahora comienza iremos comprobando cuál es su grado de compromiso con un cambio que se presenta como ineludible para el bienestar de las personas y el planeta.