Resiliencia: el valor para vivir bien

La resiliencia implica reestructurar nuestros recursos psicológicos en función de las nuevas circunstancias y de nuestras necesidades.

Resiliencia: el valor para vivir bien

La resiliencia, según la definición de la Real Academia Española de la Lengua, es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, pero en psicología añadimos algo más al concepto de resiliencia: no sólo gracias a ella somos capaces de afrontar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas , sino que también podemos salir fortalecidos de ellas.

La resiliencia implica reestructurar nuestros recursos psicológicos en función de las nuevas circunstancias y de nuestras necesidades. De esta manera, las personas resilientes no solo son capaces de sobreponerse a las adversidades que les ha tocado vivir, sino que van un paso más allá y utilizan esas situaciones para crecer y desarrollar al máximo su potencial.

La psicología estudia esta característica de la personalidad desde hace más de 30 años. Todos la tenemos en mayor o menor grado. Es lo que nos hace no rendirnos cuando las cosas están difíciles, lo que nos mantiene luchando por los objetivos que nos hayamos marcado. Se ve con mayor nitidez en las grandes tragedias, cuando ocurren desastres naturales, guerras, atentados o cualquier otra situación límite.

Aunque no sepas exactamente lo  que es la resiliencia, seguro que lo practicas y tienes claros ejemplos de personas cercanas que también lo hacen.  Hay quienes, ante situaciones adversas, salen fortalecidos y se encuentran mejor que antes.

Lo que hacen las personas resilientes

A veces la vida nos pone a prueba, nos plantea situaciones que superan nuestras capacidades: una enfermedad, una ruptura de pareja particularmente dolorosa, la muerte de un ser querido, el fracaso de un sueño largamente anhelado, problemas económicos… Existen diferentes circunstancias que nos pueden llevar al límite y hacer que nos cuestionemos si tenemos la fuerza y la voluntad necesarias para continuar adelante.

Para las personas resilientes no existe una vida dura, sino momentos difíciles. Y no se trata de una simple disquisición terminológica, sino de una manera diferente y más optimista de ver el mundo .

¿Cómo podemos ser más resilientes?

La resiliencia no es una cualidad innata, no está impresa en nuestros genes, aunque sí puede haber una tendencia genética que puede predisponer a tener un “buen carácter”. La resiliencia es algo que todos  podemos desarrollar a lo largo de la vida. Hay personas que son resilientes porque han tenido en sus padres o en alguien cercano un modelo de resiliencia a seguir, mientras que otras han encontrado el camino por sí solas. Esto nos indica que todos podemos ser resilientes, siempre y cuando cambiemos algunos de nuestros hábitos y creencias.

 

  • ¿Qué caracteriza a una persona resiliente?

    Son conscientes de sus potencialidades y limitaciones. El autoconocimiento es un arma muy poderosa para enfrentar las adversidades y los retos, y las personas resilientes saben usarla a su favor. Estas personas saben cuáles son sus principales fortalezas y habilidades, así como sus limitaciones y defectos. De esta manera pueden trazarse metas más objetivas que no solo tienen en cuenta sus necesidades y sueños, sino también los recursos de los que disponen para conseguirlas.

  • Son creativas. La persona con una alta capacidad de resiliencia transformará su experiencia dolorosa en algo bello o útil. De lo vil, saca lo bondadoso.
  • Confían en sus capacidades.  No pierden de vista sus objetivos y se sienten seguras de lo que pueden lograr. No obstante, también reconocen la importancia del trabajo en equipo y no se encierran en sí mismas, sino que saben cuándo es necesario pedir ayuda.
  • Asumen las dificultades como una oportunidad para aprender. A lo largo de la vida nos enfrentamos a muchas situaciones dolorosas que nos desmotivan, pero las personas resilientes son capaces de ver más allá de esos momentos y no desfallecen. Estas personas asumen las crisis como una oportunidad para generar un cambio, para aprender y crecer.
  • Capacidad de aceptación. Las personas resilientes tienen el hábito de vivir en el aquí y ahora y cuentan con una gran capacidad de aceptación. Para ellas el pasado forma parte del ayer y no es una fuente de culpabilidad y zozobra mientras que el futuro no les aturde con su cuota de incertidumbre y preocupaciones. Son capaces de aceptar las experiencias tal y como se presentan e intentan sacarles el mayor provecho. Disfrutan de los pequeños detalles y no han perdido su capacidad para asombrarse ante la vida.
  • Ven la vida con objetividad, pero siempre a través de un prisma optimista. Conocen sus potencialidades, los recursos que tienen a su alcance y sus metas, pero eso no implica que no sean optimistas. Al ser conscientes de que nada es completamente positivo ni negativo, se esfuerzan por centrarse en los aspectos positivos y disfrutan de los retos.
  • Se rodean de personas que tienen una actitud positiva. Saben cultivar sus amistades, por lo que generalmente se rodean de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida y evitan a aquellos que se comportan como vampiros emocionales. De esta forma, logran crear una sólida red de apoyo que les puede sostener en los momentos más difíciles.
  • No intentan controlar las situaciones. Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo de querer controlar todos los aspectos de nuestra vida. Por eso, cuando algo se nos escapa de entre las manos, nos sentimos culpables e inseguros. Sin embargo, las personas resilientes han aprendido a lidiar con la incertidumbre y se sienten cómodos aunque no tengan el control.
  • Son flexibles ante los cambios. A pesar de que las personas resilientes tienen una autoimagen muy clara y saben perfectamente qué quieren lograr, también tienen la suficiente flexibilidad como para adaptar sus planes y cambiar sus metas cuando es necesario. Estas personas no se cierran al cambio y siempre están dispuestas a valorar diferentes alternativas, sin aferrarse obsesivamente a sus planes iniciales o a una única solución.
  • Son tenaces en sus propósitos. El hecho de que las personas resilientes sean flexibles no implica que renuncien a sus metas, al contrario, si algo las distingue es su perseverancia y su capacidad de lucha. La diferencia estriba en que no luchan contra molinos de viento, sino que aprovechan el sentido de la corriente y fluyen con ella. Estas personas tienen una motivación intrínseca que les ayuda a mantenerse firmes y pelear por sus propósitos.
  • Buscan la ayuda de los demás y el apoyo social. Ser consciente de un problema y conocer tus limitaciones te lleva a pedir ayuda si no puedes resolverlo. Asimismo, tener un sentimiento de pertenencia a una comunidad de la que formas parte por elección propia te hace sentir más seguro y contribuye a fomentar la confianza en los demás.

 

 

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Un aprendizaje para tus hijos

  • ¿No te parece fundamental enseñarles esta habilidad a nuestros pequeños? Los expertos piensan que cuanta más resiliencia practiquen, mejor salud física y mental tendrán. Como ya hemos apuntado, la resiliencia es una característica humana como la empatía o el optimismo y que además se aprende. Ahora que sabemos lo importante que es la resiliencia, ¿cómo la podemos desarrollar y ayudar a nuestros hijos a hacer lo mismo?:
  • Cuanto más sepas sobre tu hijo, mejor. Nos referimos a entender su temperamento y sus necesidades antes ciertas situaciones o contextos. Igual que nosotros, los niños sienten miedo cuando se ven enfrentados a una situación que no comprenden o que está fuera de su control. Un claro ejemplo de una situación de estrés y ansiedad es la que produce el cambio de colegio o el primer día de cole.
  • Cultívate también tú. Sabemos que todos los niños necesitan atención, cariño y buenos modelos a seguir pero también adultos que les ayuden a cultivar intuición, creatividad, empatía y optimismo.
  • Las relaciones personales fortalece la resiliencia de los niños y les brinda con apoyo social.
  • Anima a tu hijo a ayudar a los demás y dale responsabilidad en casa. Esto les permite sentirse útiles y valorados.
  • Enseña a tu hijo a concentrarse en sus propósitos pero también a descansar y hacer cosas diferentes, sobre todo cuando se ven enfrentados a una situación adversa. A veces solo hace falta unos minutos a solas o en silencio para ver las cosas de otra manera.
  • Es importante que los niños se fijen metas y que tú les ayudes a cumplir. De esa manera, aprenderán el valor del logro y a poder sobrepasar desafíos.
  • Los cambios pueden suponer estrés en niños y adolescentes. Por eso es importante ayudarles a ver que forma parte de la vida. Habla con ellos sobre qué cambios han tenido impacto sobre ellos y qué han aprendido.
  • Humor, capacidad de reírse de uno mismo y recordar cómo consiguió salir de alguna situación difícil, aumenta su autoestima. Enséñales a hacer preguntas porque invitan a la reflexión, a la introspección y ello puede ser determinante en el caso de que tu hijo pase por un momento personal difícil.
  • Potencia sus habilidades. Una vez que los niños descubran lo que más les gusta hacer, nuestro deber es potenciarlo porque cuando ejercen sus habilidades pueden resultar claves para poder superar experiencias negativas o traumáticas.
  • Un buen modelo a seguir y apoyo. Es básico ofrecerles apoyo y una buena comunidad de compañeros, amigos, familiares y vecinos que se convierten en una red de seguridad, dándoles un nuevo impulso y consejos de cómo sobrellevar una situación delicada. Lo importante es crear una comunicación  abierta y fluida con nuestro hijos para que cuenten con nosotros siempre.

 

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