La respuesta a la falta de empatía podría estar en los genes

Comprender el dolor y, en general, las emociones, siempre ha estado asociado al tipo de educación recibida en el hogar. Si en general se acusa a los padres de que sus hijos no tengan empatía, se podrá seguir echándoles la culpa, solo que en otro sentido. Un estudio reciente podría haber encontrado que el origen no es tanto educacional como genético.

La respuesta a la falta de empatía podría estar en los genes

Investigadores de la Universidad de Cambridge, el Instituto Pasteur, así como la compañía estadounidense 23andMe, dedicada al diagnóstico genético, analizaron el ADN de 46.861 personas para comprobar si existía algún gen por el que algunas personas tengan mayor habilidad a la hora de entender y percibir las emociones de los demás.

Para evaluar la empatía de los participantes usaron el test Empathy Quotient (EQ), un cuestionario que mide tanto factores cognitivos –la capacidad de comprender los pensamientos y sentimientos de los demás– como emocionales –la respuesta automática e instantánea de los sujetos ante estos–. Realizaron un análisis estadístico, publicado en Translational Psychiatry, un estudio de asociación de todo el genoma para mostrar que las variaciones en la genética están relacionadas con los cambios en la empatía.

Estas diminutas variantes contribuyen colectivamente a las diferencias en la empatía –alrededor del 10%– e influyen más de lo que pensamos en nuestro comportamiento. No obstante, esto no quiere decir que todo se escape a nuestro control, tan solo que aquellos con cierta predisposición genética a la falta de empatía tendrán más problemas para ‘leer’ a los demás, pero podrán trabajarlo con las herramientas adecuadas.

Asimismo, Simon Baron-Cohen y Varun Warrier, coautores del estudio, aseguran que gracias a esta investigación podría entenderse mejor el autismo, pues las variantes genéticas asociadas con menor empatía están asociadas a un mayor riesgo de esta condición.

Aun así, una gran parte proviene también de factores ambientales y culturales. Eva Llatser, psicóloga, afirma que la empatía es una cualidad que se puede desarrollar y potenciar, al igual que lo considera una cuestión de voluntad. “Unas personas la desarrollan más que otras porque están más dispuestas a aprender de la vida, a ser flexibles, a tener una mente abierta, no juzgar y escuchar al otro de forma activa”, afirma.

Diferencias entre hombres y mujeres

Hay estudios que afirman que las mujeres tienden a ser más empáticas que los hombres, un valor que no confirma el realizado por el equipo de Baron-Cohen y Warrier, y que Llatser matiza: “Ambos sexos pueden llegar al mismo nivel de empatía, pero es un rasgo asociado más a las mujeres debido a su forma de relacionarse y comunicarse con el mundo”.

“Las mujeres hablamos y escuchamos mucho más y tenemos el instinto de protección. Desde la infancia el tipo de juego de niñas y niños es distinto, es más difícil ver un grupo de chicos sentados en círculo hablando, algo muy habitual en chicas. Por ello, la educación –ámbito familiar y escuelas– cumple un papel vital en el desarrollo de la empatía y debería fomentarse más”, explica la psicóloga.

Además, concluye que también es clave para llegar a un autoconocimiento y configurar la personalidad e identidad, así como mejorar nuestra relación con los demás. De ahí que muchas empresas ahora apuesten por una formación en este sentido que mejoren la cohesión y el clima de trabajo.

 

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