El clima emocional familiar, fundamental para el desarrollo cognitivo en los primeros años

Durante los primeros años del desarrollo infantil de la vida de un niño o niña, la familia constituye uno de los ámbitos que más influye en su desarrollo cognitivo, personal, emocional y socioafectivo. Un trabajo de la Universidad del País Vasco, en la colaboración del Instituto Biodonostia concluye que una interacción adecuada entre padres e hijos para estimular el desarrollo cognitivo no es suficiente por sí sola, sino que debe haber un clima emocional familiar de calidad.

El clima emocional familiar, fundamental para el desarrollo cognitivo en los primeros años

La influencia familiar se mantiene a lo largo de varios años, pero es en los primeros su importancia es mayor porque el grupo familiar proporciona al niño todas las señales iniciales de afecto, valoración, aceptación o rechazo, éxito o fracaso. Por ello, “es fundamental estudiar el contexto familiar en esas primeras etapas y observar de qué manera influyen ciertos aspectos de la vida familiar en el desarrollo infantil”, explica Florencia Barreto, coautora del estudio.

Esta investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) en colaboración con el Instituto Biodonostia evalúa la calidad del contexto familiar y los factores sociodemográficos a los 2 años de edad, y estudia de qué manera influyen sobre el desarrollo cognitivo a los 4 años, identificando cuáles son las variables que mayor influencia muestran sobre el mismo. Para ello, han estudiado una cohorte poblacional de 295 niños y niñas y sus familias de Guipúzcoa que forman parte del Proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente), el cual surgió para dar respuesta a la necesidad planteada por la Comunidad Europea de estudiar los factores ambientales y su impacto en el desarrollo infantil.

“El contexto familiar se evaluó mediante una visita domiciliaria, en la cual la información se obtuvo a partir de la observación directa de las interacciones con los hijos y la calidad del entorno, también a través de cuestionarios y de una entrevista con los padres, lo cual permitió recoger información sobre la calidad del entorno físico y la estimulación cognitiva, lingüística y socioemocional; es decir, cuántos cuentos y puzles había en casa, la calidad de la expresión afectiva o si se corregían las palabras mal pronunciadas, entre otras”, explica Barreto.

“El desarrollo cognitivo se evaluó de manera individual a los 4 años, mediante un instrumento que estudia el desarrollo cognitivo como la suma de diferentes subescalas, que miden las aptitudes verbal, perceptivo-manipulativa, numérica, memoria y general cognitiva”, añade la investigadora de la UPV/EHU.

Variables que más influyen en la primera infancia

Los resultados obtenidos muestran por un lado que aquellas familias en las que existe una alta calidad de interacción socioemocional entre padres e hijos, son también más competentes para estimular el desarrollo cognitivo y lingüístico, lo que se conoce como andamiaje.

“Se trata de un proceso que tiene que ver con la intención deliberada de los padres de estimular el desarrollo de sus hijos e hijas, enfrentándolos a la situación de realizar una actividad o tarea que esté un poco por encima de sus capacidades, pero sin que llegue a ser frustrante. Los padres se convierten en guías que apoyan la realización de la actividad y van retirándose a medida que el conocimiento se construye y se interioriza. Con ello, madres y padres consiguen estimular las conexiones entre neuronas y, por lo tanto, activar el desarrollo cognitivo infantil”, explica Florencia Barreto.

“Ese andamiaje o proceso de estimulación está siempre mediado por la calidad de la estimulación socioemocional, es decir, para que se promocione el desarrollo cognitivo de manera adecuada, no basta solo con poner en práctica el proceso de andamiaje, sino que necesariamente, éste debe estar acompañado de una buena calidad de la interacción socioemocional, como la promoción de la autonomía y autoestima, un clima afectivo positivo, y en definitiva el establecimiento de un apego seguro”, indica Barreto.

Por otro lado, se ha constatado que los primogénitos/as pueden beneficiarse de la exclusividad de los recursos económicos y del tiempo que los padres pasan con ellos, siempre que el contexto familiar sea de calidad para estimular el desarrollo. Además, “hemos observado que para todas las familias la riqueza de la estimulación se completa con la exposición a una segunda lengua dentro del propio hogar”, apunta Barreto.

Según la investigadora, “los resultados pueden guiar la creación de programas de crianza dirigidos a fortalecer la promoción del desarrollo cognitivo infantil”. Asimismo, “la transmisión de esta información a la población general de familias, ayudará a las mismas a concienciar del grandísimo margen de influencia que tienen sobre el desarrollo intelectual de sus hijos e hijas”, añade.

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Un estudio sugiere que los hijos heredan los traumas de los padres

Los humanos a veces sufrimos horrores que dejan profundas marcas en nosotros: guerras, catástrofes, persecuciones y otros eventos traumáticos pueden cambiar para siempre y determinar el futuro de las personas que sobreviven a ellos.

Hay evidencias de que las consecuencias del trauma sobre las personas influyen no sólo en su futuro, sino incluso también en el de sus descendientes.

Un reciente estudio realizado sobre niños que fueron evacuados de Finlandia durante la Segunda Guerra Mundial indica que las hijas de las niñas evacuadas fueron hasta cuatro veces más hospitalizadas por enfermedades mentales a lo largo de sus vidas que sus parientes que no fueron afectados.

El efecto, muy marcado, apareció al intentar controlar otras variables en un estudio sobre las madres y, curiosamente, no parece afectar a los varones ni a los hijos de niños evacuados.

Esta diferencia se puede deber en parte a que el diagnóstico de enfermedades mentales en varones es menos habitual, pero al analizarse los ingresos hospitalarios es probable que incluso se subestime el efecto total; muchas personas habrían tenido problemas. pero no de suficiente calado para provocar un ingreso. Estadísticamente el descubrimiento parece firme.

Se desconoce a través de qué mecanismos se podría haber producido esta transmisión entre generaciones del efecto biológico del trauma, y ni siquiera se está al cien por cien seguro de que exista; solo unos pocos estudios parecen confirmarlo, pero la epidemiología (especialmente retroactiva) es complicada y puede ser engañosa.

Aunque de algo no cabe duda ninguna: si se confirmara que las generaciones subsiguientes heredan de alguna forma el trauma de sus ancestros los horrores no afectarían tan sólo a quienes los sufren, y la culpa de los responsables (los que ponen en marcha las tragedias traumáticas) se multiplicaría. Porque el efecto de su maldad trascendería las generaciones y los años para destruir muchas más vidas, todavía.

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