Por qué algunas personas no soportan el ruido que hacen otras al masticar

Hay sonidos que para algunas personas resultan imperceptibles y que a otras les ponen los nervios de punta. Existe una explicación a estas diferencias de apreciación.

Por qué algunas personas no soportan el ruido que hacen otras al masticar

Y se llama misofonía—del griego μίσος (misos): aversión, y φωνή (foné): sonido— o sensibilidad selectiva al sonido. Consiste en la falta de tolerancia a los sonidos cotidianos producidos por el cuerpo de otras personas, como comer, sorber, toser, masticar, o también por sonidos producidos al utilizar ciertos objetos, los cuales pueden desencadenar ansiedad y conductas agresivas. 

El término misofonía fue acuñado en el año 2000 por los médicos estadounidenses especializados en otorrinolaringología Pawel Jastreboff y Margaret Jastreboff y se define como el decremento de tolerancia a determinados sonidos. Se cree que puede estar causado por experiencias negativas que son solo resultado de sonidos específicos. Desde el punto de vista de quien padece misofonía, se podría utilizar el símil de comparar el cuerpo humano con una orquesta desafinada que emite sonidos extraños que son percibidos como agresiones por el paciente afecto de misofonía. ​

Considerada como un trastorno psiquiátrico, sin embargo no tiene reconocimiento oficial en las clasificaciones aceptadas internacionalmente de trastornos psiquiátricos.

Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad británica de Newcastle ha descubierto que está producida por una anomalía en el cerebro.

En la investigación, publicada a principios de 2017 en la revista Current Biology, los expertos explican que a través de pruebas realizadas en el cerebro de los participantes descubrieron diferencias en el lóbulo frontal del cerebro de aquellos que no soportaban estos sonidos en relación con las personas a las que no les molestan.

A través de resonancias magnéticas se midió la actividad cerebral de los participantes -con y sin misofonía- al escuchar distintos sonidos: neutros (lluvia, un café ocupado, agua hirviendo), desagradables (un bebé llorando, una persona gritando) y ‘de activación’ (los sonidos de la respiración o la comida al masticar).

Al escuchar este tipo de sonidos, el mecanismo de control emocional -situado en el lóbulo frontal- de las personas con misofonía se sobrecarga. Esta respuesta produce a su vez un aumento en la frecuencia cardiaca y en la sudoración.

El líder de la investigación, el profesor Tim Griffiths, espera que los resultados sirvan para convencer a los más escépticos dentro de la comunidad científica de que la misofonía es un desorden real.

Hiperacusia y fonofobia

A diferencia de la hiperacusia, la misofonía es específica para ciertos sonidos. La hiperacusia es una condición por la que un individuo no tolera los sonidos que le rodean, es decir, un individuo con hiperacusia no tolera ciertos sonidos, no porque el sonido en sí le resulte desagradable, sino porque lo percibe a una intensidad/volumen mayor que el resto (es como si los sonidos fuertes se amplificaran en sus oídos), hasta el punto de producirle malestar y dolor. El concepto de fonofobia se refiere a una aversión o fobia a determinados sonidos aun cuando estos sean de intensidad moderada o leve. La fonofobia se encuadra dentro de los trastornos fóbicos ya que en realidad es una aversión psicológica a determinados sonidos concretos independientemente de su intensidad. En ciertos casos puede coexistir fonofobia con hiperacusia. En muchas ocasiones es difícil distinguir entre estos trastornos y la misofonia, por lo que deben evitarse los autodiagnósticos y en caso de que exista un problema que afecta a la vida cotidiana, lo más recomendable es ponerse en manos del médico o profesional sanitario para que evalúe la situación.

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