Cooperativas: emprendimiento colectivo y democrático

Aunque todas parten de una idea comercial y de la necesidad o las ganas de montar un proyecto empresarial, las fórmulas del conocido como emprendimiento ofrecen un arco variado de opciones. Alternativas que pueden mostrar aspectos legales o económicos diferentes, pero que se distinguen sobre todo en cómo se desea gestionar y qué carácter se quiere dar al proyecto, más allá de una buena cuenta de resultados.

Cooperativas: emprendimiento colectivo y democrático

Aunque todas parten de una idea comercial y de la necesidad o las ganas de montar un proyecto empresarial, las fórmulas del conocido como emprendimiento ofrecen un arco variado de opciones. Alternativas que pueden mostrar aspectos legales o económicos diferentes, pero que se distinguen sobre todo en cómo se desea gestionar y qué carácter se quiere dar al proyecto, más allá de una buena cuenta de resultados.

En este abanico de posibilidades e inscritas dentro de la llamada Economía Social, se encuentran las cooperativas. Asociadas para la mayoría a sectores agrícolas y de vivienda, el cooperativismo representa una clase de emprendimiento que se adapta a muchos tipos de actividad,  y que a pesar de una larga trayectoria histórica y de numerosas experiencias exitosas, no cuenta con la divulgación de la que gozan otros modelos empresariales.

Existen cooperativas en sectores tan diferentes como educativos y formativos, de comunicación, tecnológicos, culturales, de servicios… y para iniciarse en ellas los primeros requisitos no son muy distintos de los de otro tipo de empresas. Resulta imprescindible tener una idea clara de negocio, un mínimo estudio sobre las posibilidades de viabilidad del proyecto, contar el capital necesario para ponerlo en marcha, elaborar un plan de empresa y establecer un presupuesto básico.  

Por otro lado, la normativa sobre cooperativas, que tiene un marco estatal pero también autonómico y por tanto, no siempre es idéntico dependiendo de donde se ubique el proyecto, fija unos trámites administrativos necesarios para legalizar la empresa. Entre ellos, establecer las aportaciones al capital social que realizará cada socio (cantidades que deberán ser alícuotas) y que han de representar una cantidad mínima total que está establecida por ley. Otras gestiones necesarias son la aprobación de unos estatutos de funcionamiento con la escritura notarial que da fe de ello o proceder a las correspondientes altas en la Agencia Tributaria y la Seguridad Social. En el terreno fiscal,  las cooperativas disponen de distintos grados de protección dependiendo de su clase, con tipos preferentes en el caso del impuesto de sociedades que puede variar entre el 10 y el 20% sobre beneficios.

Principios cooperativos

Pero los rasgos más destacables y a la vez diferenciadores de las cooperativas son su carácter colectivo y democrático. Es decir, se e trata de proyectos empresariales siempre de varios socios (tres como mínimo), que mantendrán la doble condición de empresarios y trabajadores, e intervendrán de manera participativa en la marcha de la cooperativa. Estas características aparecen recogidas en los denominados principios cooperativos, actualizados en 1995 por la ACI (Alianza Cooperativa Internacional), y que también incluyen la adhesión libre y voluntaria de los socios, la autonomía e independencia del proyecto, los valores formativos y la información, así como la igualdad y la cooperación entre cooperativas. Otro de los principios lo constituye el vínculo con la comunidad. Esto tiene que ver con la contribución al desarrollo del lugar donde realiza su actividad empresarial, de tal manera que la localización forma parte de la propia naturaleza como empresa de la cooperativa.  

Los valores democráticos y horizontales de las cooperativas hacen que la participación en la toma de decisiones y la transparencia de la gestión resulten fundamentales. Por ejemplo, bajo la premisa de un socio, un voto, la capacidad de cada uno de ellos para influir en la macha de la empresa no está vinculada a la cantidad aportada al capital social, sino al simple hecho de ser cooperativista. Por su parte, la información y la transparencia que las caracterizan suponen que las iniciativas importantes se tomen siempre con conocimiento de causa de todos los implicados en su doble condición de socios y trabajadores.  Según afirman los miembros de distintas cooperativas, los rasgos anteriores permiten a hacer más compresibles decisiones empresariales en momentos económicos difíciles. Igualmente también resultan más asequibles y fáciles de implementar las ventajas salariales o laborales en periodos de vacas gordas.

Colaborar para sobrevivir

Pero aparte de la mejor disposición de los trabajadores y socios a asumir una rebaja de sueldos o dedicar más horas para asegurar la viabilidad un proyecto que les pertenece, está el conocimiento compartido del negocio. La suma de ideas y diversidad de propuestas a la hora de buscar salidas en situaciones complicadas o de crecer o expandirse en otros, representan un activo a tener en cuenta. Esta misma idea de suma se halla en la fórmula de la alianza entre las cooperativas, establecida en los principios del cooperativismo, por la que diferentes proyectos pueden emplear recursos de manera común y utilizar redes compartidas para intentar sobrevivir todos juntos.

Si bien los caracteres colaborativo, transparente y colectivo del cooperativismo representan unas cualidades muy potentes, también exigen de buenas herramientas para manejarlos. Las cooperativas precisan de un adecuado conocimiento sobre gestión de equipos y resolución de los conflictos. Al tratarse de un modelo no basado en estructuras verticales, sino horizontales y  democráticas es imprescindible contar con instrumentos que canalicen las distintas opiniones, así como con protocolos claros de decisión y actuación. Se trataría de  evitar el desinterés o recelo respecto al proyecto por parte de los socios que puedan no compartir determinadas decisiones empresariales, fomentando siempre la cohesión a pesar de la discrepancia.

 

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Empleo de calidad en tiempos de crisis

Las cooperativas están demostrando una mayor flexibilidad y una más alta resiliencia frente a otros modelos en situaciones de crisis económica. Según la Federación de Cooperativas de Trabajo Asociado de Catalunya, los datos económicos muestran que los niveles de empleo de las cooperativas en 2017 se sitúan ya por encima de los que tenían en 2008, al comienzo de la crisis. Igualmente, datos de la Confederación de Cooperativas de Catalunya, indican que entre 2011 y 2014 fueron de las pocas formas jurídicas empresariales que crearon empleo neto. Hay que recordar que en 2016, existían en España más de 20.000 sociedades cooperativas, que empleaban a más 300.000 socios cooperativistas, tal como señalan datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social.

Pero además de dar trabajo a miles de personas, está la calidad de los puestos que generan las cooperativas. Cuentan solo con un 13% de trabajadores eventuales, frente a una media en otro tipo de empresas que supera el 30%.  A su vez, el número de cooperativistas contratados por su propia empresa a tiempo completo se coloca por encima del 80%.  Las cifras de Coceta (Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado) constatan que un 50 % de los cooperativistas son mujeres y que el 30% de ellas ocupan puestos de responsabilidad en la empresa.

 

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Las personas, un buen “negocio”

  • Las cooperativas forman parte de la Economía Social. Bajo este epígrafe se incluyen además fórmulas como fundaciones, sociedades laborales, centros especiales de empleo o empresas de inserción.
  • Los principios que la orientan son la primacía de las personas sobre el capital, la gestión transparente y democrática, la aplicación de resultados según el trabajo aportado y la solidaridad interna, la cohesión social y el empleo estable.
  • Según los datos del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, en 2016, el peso de la Economía Social en la economía española representaba un 10% del PIB, que en número de puestos de trabajo suponía más de 2 millones de personas vinculadas laboralmente al modelo de forma directa o indirecta.
  • El 47% de los empleos que se crean en la Economía Social son entre personas menores de 40 años.
  • En los últimos 8 años, se han puesto en marcha 29.000 empresas en el sector, que han generado en el mismo periodo 190.000 puestos de trabajo nuevos.

 

Confederación Empresarial Española de Economía Social (CEPES)  http://www.cepes.es

Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (COCETA)  http://www.coceta.coop/

 

 

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