El infarto y sus causas, diferente en las mujeres

Diez mil mujeres más que hombres mueren en España por enfermedades cardiovasculares. Los síntomas, diferentes, y sus causas más habituales, como el estrés, ralentizan la atención sanitaria.

El infarto y sus causas, diferente en las mujeres

Un pequeño esfuerzo, cansancio, una sensación de mareo… Estos pueden ser una causa y sus síntomas de que una mujer esté padeciendo un infarto. Parece un ataque de ansiedad, y no están presentes esos signos que ya nos sabemos todos de memoria pero que afectan sobre todo al género masculino: dolor de pecho, asfixia, dolor en el brazo izquierdo…

Así, la mayoría de las mujeres que sufren ataques al corazón no son capaces de identificarlo como tal. Hasta diez mil mujeres más que hombres mueren por enfermedades cardiovasculares, convirtiéndose en la causa número uno de mortalidad en el género femenino.

"Con frecuencia, el diagnóstico en mujeres con enfermedades cardiovasculares es erróneo o tardío porque los síntomas son atípicos, no son los clásicos que se describen muy bien fundamentalmente en el hombre", explica el doctor Carlos Macaya, presidente de la Fundación Española del Corazón y jefe de servicio de Cardiología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

El infarto agudo de miocardio se debe a la falta de riego sanguíneo de una zona del músculo cardíaco (miocardio) producida por la obstrucción de una de las arterias coronarias. La falta de riego sanguíneo causa angina de pecho y, si no se abre precozmente la arteria, provoca la muerte (necrosis) del tejido cardiaco. Eso es el infarto. Sus síntomas clásicos incluyen dolor opresivo en el centro del pecho o en la zona epigástrica (estómago), que puede irradiarse a brazo izquierdo, ambos brazos, cuello, mandíbula y/o espalda; sudoración, náuseas y dificultad respiratoria. Sin embargo, hay diferencias substanciales entre hombres y mujeres en relación a la percepción y la descripción de los síntomas.

Las mujeres presentan síntomas muy variados que hacen más difícil el diagnóstico de infarto en ellas. Los síntomas más comunes son la fatiga inusual, la dificultad respiratoria, el sudor frío o el dolor epigástrico. Los días previos pueden sufrir insomnio, ansiedad o debilidad. Por otro lado, el dolor torácico típico en mujeres es menos específico y en un porcentaje mayor se objetiva enfermedad coronaria no obstructiva.

Las causas, también distintas

Los principales factores que predisponen a un infarto son la edad, el colesterol, la diabetes mellitus, la hipertensión arterial, el tabaquismo y la obesidad. El tabaco es la principal causa evitable de enfermedad coronaria. En el caso de las mujeres, el riesgo aumenta mucho si se combina el tabaco y la toma de anticonceptivos orales. El sobrepeso y la falta de actividad física son también factores de riesgo muy prevalentes en mujeres.

Antes de la menopausia, las mujeres están parcialmente protegidas por los estrógenos fisiológicos. Tras la menopausia los niveles de colesterol y la tensión arterial tienden a alterarse y el riesgo de enfermedad coronaria aumenta. Sin embargo, la terapia hormonal sustitutoria no se ha demostrado que sea cardioprotectora. Una vida activa y una dieta sana y equilibrada que ayude a prevenir la aparición de diabetes, sobrepeso e hipertensión arterial, así como exámenes regulares de la tensión y el colesterol son básicos para evitarlo.

Retraso en el tratamiento

Es común que la enferma y su entorno reconozcan los síntomas como un ataque de ansiedad, le resten importancia y acudan con más lentitud al centro sanitario. Según datos del registro del Observatorio Regional Bretón sobre el Infarto de miocardio (ORBI), las mujeres tardan 60 minutos desde que perciben los primeros síntomas hasta que piden asistencia médica, frente a los 44 minutos de los hombres.

Este retraso influye también en la medicación que reciben: "Si diagnosticamos tarde, el tratamiento que vamos a aplicar va a ser menos efectivo que si el diagnóstico es mucho más precoz", apunta el doctor Macaya. En las enfermedades del corazón el tiempo es crucial: es necesario instaurar un tratamiento de forma inmediata para que surta el mejor efecto. "Las mujeres en ese sentido no son discriminadas", señala el doctor. Pero lo cierto es que estas consecuencias, a veces mortales, son derivadas de la asunción de que los únicos síntomas del infarto que existen son los propios de los hombres. Peor: provienen del total desconocimiento por parte de la población de la diferencia sintomática entre el género masculino y el femenino.

Peor pronóstico

El pronóstico de un infarto de miocardio es peor en mujeres que en hombres. Un porcentaje mayor fallece antes de llegar a un hospital (52% frente al 42% en los hombres) y el pronóstico es también peor tras la hospitalización. Varios factores pueden explicar este peor pronóstico, además de los ya mencionados -las mujeres suelen consultar con mayor retraso y tardan más en ser diagnosticadas al presentar síntomas atípicos-: Tienden a presentar enfermedad coronaria aproximadamente 10 años más tarde que los hombres, por lo que suelen tener mayores comorbilidades (enfermedad renal, osteoarticular, anemia…). y, según las investigaciones realizadas, reciben tratamientos menos agresivos que los hombres. Por otro lado, durante la hospitalización, las mujeres tienden a presentar mayores complicaciones como insuficiencia cardíaca, ictus o necesidad de transfusiones.

Por qué se desconocen estas diferencias

“Simplemente hay patrones distintos", opina Rosario López, profesora de Salud y Género en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid. También imparte la asignatura de Metodología de investigación, desde donde ha observado la predominancia de la perspectiva masculina en este campo. "Cuando se intenta esclarecer una enfermedad, establecer el diagnóstico, el patrón de referencia es el hombre. Esto hace que la mujer sea invisible, y puede que a la hora de establecer los síntomas de una enfermedad se produzcan errores", explica. Los patrones de referencia son grupos de personas en los cuales se analizan los tratamientos farmacéuticos. Mayoritariamente, estos grupos están compuestos por hombres porque son más estables: no tienen alteraciones hormonales, ni ciclos cada mes, ni la menopausia. Además, socialmente suelen asumir menos cargas parentales y del hogar, por lo que son más dados a participar en estas investigaciones. En Estados Unidos, no fue hasta 1993 que la FDA (Administración de Fármacos y Alimentos, de sus siglas en inglés) incluyó en sus estudios a las mujeres en edad fértil.

Cuesta imaginar que en una carrera donde el 74% de las estudiantes son mujeres, todavía se enseñe la sintomatología de algunas enfermedades desde el punto de vista masculino. Son precisamente las doctoras de la Sociedad Española de Cardiología quienes han creado un grupo de trabajo para resolver y tratar este grave problema, tanto desde el punto de vista de investigación científica, como desde los aspectos sociales. Por otra parte, La Fundación Pro CNIC, la Fundación Mapfre, la Consejería de Madrid y la Fundación Española del Corazón ya se han puesto manos a la obra lanzando la campaña Mujeres por el Corazón, con el objetivo de sensibilizar a la ciudadanía y a las mujeres para que sean capaces de reconocer los síntomas de las enfermedades cardiovasculares.

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Las mujeres con estrés tienen más riesgo de sufrír de problemas cardíacos

Según una investigación publicada en la revista Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology, las mujeres tienen un riesgo mayor de presentar problemas cardíacos a causa del estrés.  

Todo parece indicar que las diferencias sexuales incluyen una predisposición a la constricción de vasos sanguíneos en mujeres producto de la tensión psicológica, lo que a su vez puede producir una reducción en el flujo sanguíneo que suministra el corazón, un fenómeno conocido como “isquemia” que, a su vez, dobla las probabilidades de sufrir un paro cardiaco.

Para el estudio, se midieron los niveles de presión sanguínea de 678 adultos con una edad promedio de 63 años. Los investigadores encontraron que los niveles de presión reducidos durante el estrés en mujeres se ve sobre todo influido por la constricción de los vasos sanguíneos como respuesta automática al estrés, lo que causa que el músculo cardiaco se sobreexija en el momento de bombear sangre al corazón.

Para las mujeres con predisposición o con problemas cardíacos diagnosticados, esta es una clara señal de la importancia de manejar adecuadamente el estrés en la vida diaria, ya que altos grados de tensión psicológica podrían impactar enormemente en su estado de salud física.

Las mujeres en estas condiciones deben preocuparse por conocer y poner en práctica técnicas de relajación que pueden utilizar en cualquier escenario de la vida y realizar ejercicio físico, así sea de bajo impacto, de forma regular, como las caminatas ligeras y el yoga. De hecho, este último puede ser de gran ayuda para combatir otro tipo de problemas, como la depresión y la ansiedad.

“Es muy importante aconsejar tanto a mujeres como a hombres acerca de qué métodos pueden utilizar para reducir el estrés, y contrastarlos con otros profesionales en caso de que necesiten ayuda”, concluyen los investigadores.

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