Las claves para decidirnos sobre la alimentación de nuestro bebé

¿Lactancia o biberón? Múltiples factores, entre ellos la mejora de la composición de las leches artificiales y la incorporación de las mujeres al mercado laboral, han provocado el debate. Los estudios destacan las ventajas de la lactancia tanto para la madre como para el bebé, pero el biberón es una fórmula óptima cuando ésta no es posible.

Las claves para decidirnos sobre la alimentación de nuestro bebé

Los partidarios de la lactancia materna parten de la premisa que la opción que siempre recomiendan los pediatras es precisamente ésta. “Siendo puramente objetivos, la leche materna es, sin duda alguna, el mejor alimento para un bebé desde el punto de vista nutricional”, afirma la pediatra María Ángeles Sánchez. 

 “Las fórmulas infantiles están diseñadas para que los bebés puedan cubrir sus necesidades nutricionales, pero no alcanzan ‘el nivel óptimo’ de beneficios, como sí logra la leche materna al presentar “muchas ventajas y muy importantes”.

El dietista Julio Basulto también afirma que “los importantes avances científicos y la estricta legislación que regula los sucedáneos de leche materna hacen que la opción del biberón sea totalmente válida, pero no por ello tan idónea como resulta ser la lactancia materna”.

“Fabricadas en condiciones de esterilidad, las leches artificiales cubren las necesidades nutricionales del bebé, utilizando una compleja combinación de proteínas, azúcares, grasas, minerales y vitaminas. Además, existe una gran variedad de composiciones para cubrir problemas nutricionales específicos”, afirma el pediatra Jorge Lahoz.

Así, aunque la lactancia se mantiene como el método recomendado por las instituciones sanitarias, el biberón sigue siendo una fuente de alimentación perfectamente trabajaba y muy lograda. “Hay que intentar huir de la rivalidad entre pecho y biberón, que por otra parte, tampoco existe en la comunidad científica. Lo único que existe es una decisión tomada por unos padres, que ha de ser respetada. Por defender y apoyar un estilo de alimentación, no se ataca al otro”, afirma por su parte el pediatra Jorge Lahoz.

La salud de la madre y del bebé

Según el Ministerio de Sanidad, “la evidencia científica ha demostrado que los niños no amamantados tienen más enfermedades, más graves y más largas, no sólo durante la época de la lactancia, sino muchos años después”.

Por cada 597 mujeres que dan el pecho (de manera óptima) se podría evitar una muerte materna o infantil. La leche producida por una madre puede proteger a las madres de cáncer de mama y de ovario, así como a los hijos de infecciones que pueden resultar ser mortales. Este dato proviene de los cálculos publicados por la doctora Melissa Bartrick y sus colaboradores en la revista científica Maternal Child Nutrition.

Según los datos aportados por el Ministerio de Sanidad, la lactancia materna de más de tres meses de duración puede disminuir hasta un 77% el riesgo de otitis media, un 75% el riesgo de infecciones respiratorias de vías bajas, un 40% el riesgo de asma y un 42% el riesgo de dermatitis atópica en los bebés.

Una lactancia materna de más de seis meses de duración puede disminuir también el riesgo de padecer leucemia en un 20% y en un 36% el riesgo de muerte súbita. Además, parece que la lactancia materna disminuye el riesgo de enfermedad celíaca, obesidad y diabetes de tipo 1 y 2 en la edad adulta.

El International Lactation Consultant Association afirmaba recientemente que los beneficios para la madre que escoge la lactancia son: una menor presión arterial, menos estrés al mejorar el estado de ánimo, así como la salud física y mental, menor riesgo de artritis reumatoide y de padecer un síndrome metabólico, así como la posibilidad también menor de tener enfermedades cardiovasculares.

Desarrollo intelectual y motor del bebé

Según los estudios de nutrición recogidos por UNICEF, los bebés alimentados con leche materna “obtienen mejores resultados en las pruebas de inteligencia y comportamiento en la edad adulta que los bebés alimentados con fórmula”.

Además, la citada organización confirma que además de fortalecer el vínculo entre madre e hijo, también fortalece y tiene repercusiones positivas para la vida en lo que se refiere a “estimulación, conducta, habla, sensación de bienestar, seguridad y la forma en la que el niño se relaciona con otras personas”.

“Se puede establecer igualmente un fuerte vínculo afectivo entre la madre y su bebé, ya que las tomas siempre pueden ser un momento de gran intimidad, contacto y conexión entre ambos. Por otra parte, el uso del biberón va a permitir al padre compartir con la madre la responsabilidad y el placer de alimentarle, además de crear también un vínculo”, afirma por su parte el doctor Lahoz.

“Asimismo, la vida de las mujeres no es en todos los lugares la misma, ni las circunstancias de unas son extrapolables a otras. Al poder ser alimentado por el padre u otra persona que le cuide, el bebé da mayor libertad a la madre para poder organizar su horario de trabajo, obligaciones o actividades, que no siempre se pueden elegir”, concluye.

Que sea una lactancia “feliz”

Este término aparece sin parar en las revistas relacionadas con el campo de los bebés y las madres. Para que la lactancia sea posible y adecuada, es necesario que sendos protagonistas estén cómodos y contentos en el desarrollo del proceso.

“La lactancia puede ser la opción más completa para nuestros hijos, pero es tan necesario cuidar y tener en cuenta al bebé como a la madre. Para poder tener una lactancia feliz es necesario saber cómo hacerlo. Querer ofrecer lo mejor a nuestro hijo, por desgracia, no queda exento de múltiples problemas y consecuencias profundamente dolorosas para la madre”, afirma la doctora Maria Ángeles Sánchez.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) y el Ministerio de Sanidad, la lactancia materna debería contar con dos tiempos de duración. La primera sería recurrir a este método en exclusiva hasta los seis meses del bebé. La segunda consiste en que a partir del sexto mes, se comienzan a incorporar los alimentos recomendados para complementar la lactancia materna hasta los 2 años de edad del niño para lograr que el valor nutricional sea el más óptimo.

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La lactancia protege a la madre frente a la diabetes

La lactancia materna durante seis meses o más reduce en casi la mitad el riesgo de las mujeres de desarrollar diabetes tipo 2 a lo largo de su vida fértil, según un estudio observacional llevado a cabo por la División de Investigación de Kaiser Permanente, en California (Estados Unidos), que se acaba de publicar en JAMA Internal Medicine.

El análisis se realizó con una muestra de 1.238 mujeres de entre 18 y 30 años que participaron en un estudio previo que se inició en 1985-86. Todas ellas habían informado sobre la duración de su lactancia y habían tenido uno o más hijos. Además, se les efectuó un cribado de diabetes hasta en siete ocasiones durante los 30 años de seguimiento (1986-2016).

Comparación

En las mujeres que habían lactado durante seis meses se apreció una reducción del 37 por ciento en el riesgo de desarrollar diabetes en comparación con las que no habían lactado. El porcentaje bajaba al 25 por ciento cuando la duración de la lactancia materna era inferior a seis meses.

La autora principal del estudio, Erica P. Gunderson, recalca que estos resultados se obtuvieron tras controlar los diferentes factores que podían influir en el riesgo de diabetes. En este sentido, los beneficios apreciados fueron similares en las mujeres con y sin diabetes gestacional.

Gunderson señala que hay varias posibles explicaciones biológicas. Por ejemplo, las hormonas asociadas a la lactancia podrían influir de forma positiva en las células beta pancreáticas, regulando la glucemia.

 

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