Estos son los responsables de que engordemos en invierno

Platos más calóricos y contundentes y la reducción de la ingesta de comidas ligeras y bajas en calorías, como los gazpachos o las ensaladas estivales, además del factor psicológico que supone no tener que exponer nuestro cuerpo a la mirada de los demás son causas por las que tendemos a engordar en esta época del año. Pero también hay razones científicas, que explicamos.

Estos son los responsables de que engordemos en invierno

“El problema es que se la determinación de intentar bajar los kilos ganados tras la navidad, por ejemplo, queda en algo estacional determinado por los excesos y la pérdida de rutinas de la época y no por una conciencia real que nos guíe a llevar a cabo hábitos saludables”, explica el dietista-nutricionista Fidel Salazar Cueto.

Son una serie de factores los que intervienen en la dejadez típica del invierno. Para el especialista, existe un motivo social por el que nos gusta estar mejor físicamente y que nos vean: “La operación bikini y la obsesión por mostrar nuestro cuerpo en playas y piscinas tiene su contrapunto en los meses en los que no tenemos que lucirnos”.

La mirada de los otros juega un papel muy importante en nuestra mente, pero no es una razón menor los cambios en nuestro patrón alimenticio, determinados con el aumento en invierno de platos más calóricos y contundentes y la reducción de la ingesta de comidas ligeras y bajas en calorías, como los gazpachos o las ensaladas estivales. Aunque la solución está en preparar los guisos sin ingredientes grasos poniendo en un primer plano las verduras y hacer un esfuerzo por mantener las frutas, no resulta tan apetecible como en los meses cálidos.

La falta de luz provoca que almacenemos grasa

Más allá de razones dietéticas, podría haber una explicación científica basada en las condiciones climáticas. Así lo piensa un equipo de investigadores de la Universidad de Alberta, que recientemente ha descubierto que la falta de luz solar puede ser en parte culpable de por qué tendemos a engordar durante el invierno. De acuerdo al estudio, las células grasas que se encuentran debajo de nuestra piel se contraen cuando se exponen a la luz azul emitida por el sol.

Peter Light, autor principal del estudio y profesor de Farmacología y director del Instituto de Diabetes de Alberta, afirma que la insuficiente exposición a la luz del sol que tenemos durante los meses de invierno puede provocar el almacenamiento de grasa y contribuir al típico aumento de peso que algunos tenemos.

Aunque los investigadores advierten que el hallazgo es solo una observación inicial y que perseguir la exposición a la luz solar no es, en ningún caso, una forma segura o recomendada de perder peso -en ese caso nuestra piel se puede ver seriamente afectada-, se trata de un novedoso descubrimiento que abre nuevas vías de exploración científica y que pone el punto de mira en posibles tratamientos futuros basados en la luz para combatir los problemas de sobrepeso.

“Tal vez la exposición a la luz solar que dirige nuestros patrones de sueño y vigilia también puede actuar de manera sensorial, estableciendo la cantidad de grasa que los humanos queman dependiendo de la temporada. Ganamos peso en el invierno y luego lo quemamos en el verano”, concluye Light.

Asimismo, está demostrado que buscamos dulces cuando el sol escasea: la exposición a la luz solar puede alterar los niveles circulantes de serotonina, lo cual reduce significativamente los umbrales de reconocimiento del sabor dulce. Eso nos impulsa a buscar más azúcar y no sentirnos saciados con los niveles que consumimos habitualmente.

Y si tendemos a encerrarnos y cambiar nuestra dieta, de la mano va la disminución del ejercicio físico. Lo que para un deportista profesional puede ser un placer -el aire es más limpio y los caminos están menos transitados-, lidiar contra el frío y la lluvia para la mayoría de los mortales supone inevitablemente una pérdida de compromiso. Estamos más cómodos en casa. Ciertas razones psicológicas, como la pérdida de motivación para correr en la oscuridad o la tendencia al sueño o a la depresión, se asocian habitualmente con el invierno. Sin embargo, y siempre que estemos bien equipados, nuestro cuerpo agradecerá las salidas invernales a la calle.

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Comer despacio para mantener el peso a raya

Un estudio que acaba de publicar la revista BMJ Open explica tres trucos para no subir kilos: comer despacio, evitar refrigerios tras las cenas y no ingerir nada en las dos horas antes de ir a dormir. Según un grupo de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Kyushu (Fukuoka, Japón), este tipo de cambios en el hábito alimentario se asocian con una menor obesidad, peso e índice de masa corporal y así lo han constatado en un trabajo basado en datos de alrededor de 60.000 personas con diabetes en Japón. Por sus circunstancias, este grupo se sometía a chequeos regulares y, tras cinco años de seguimiento, los autores del estudio observaron que aquellos que ingerían más lentamente, tendían a llevar estilos de vida más saludables.

En comparación con aquellos que engullían los alimentos, quienes comían a una velocidad normal tenían un 29% menos de probabilidades de ser obesos, aumentando al 42% en los que comían lentamente. Según los expertos, esta asociación entre velocidad y peso se debe a la sensación de saciedad y plenitud. Es decir, el sistema digestivo está relacionado con el sistema nervioso central, de forma que a medida que se va ingiriendo, el cerebro segrega unos neurotransmisores que indican saciedad. Si el individuo come muy rápido, no le da tiempo a ser consciente de esta plenitud, por lo que continúa comiendo lo que tiene a su disposición. Por eso se recomienda dedicar no menos de 25-30 minutos a las comidas, dejar que pasen cinco minutos entre plato y plato, por ejemplo.

Problemas de salud por comer deprisa

En palabras de Luis Escobar, especialista en endocrinología y nutrición, "una trituración lenta es clave para la buena digestión. Mejora el metabolismo, el gasto energético y elimina calorías". Y, sobre todo, agrega Escobar, reduce problemas digestivos. "Un alimento mal triturado en el estómago crea una especie de gastritis, se ralentiza la fase gástrica y puede generar trastornos de digestión, reflujo gastroesofágico e incluso hernias de hiato". En cuanto a no picar después de la cena e irse a la cama sin haber ingerido nada durante las dos horas previas, ocurre algo parecido. "Hay que dar tiempo a que se complete la digestión antes de ir a dormir, por el buen funcionamiento digestivo, para evitar reflujos u otras molestias", apunta Escobar. Es cierto que conviene realizar una dieta ligera en las comidas. Al fin y al cabo, "la noche es el momento del día en el que menos alimentos requerimos".

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