En primavera el organismo se altera

Días más largos y soleados, pero también cambios bruscos en el termómetro o lluvias inesperadas. Así es la primavera, una estación de transición caracterizada por sus oscilaciones y porque, según asegura el dicho, la sangre altera. Un expresión que se refiere al enamoramiento, pero que podríamos extrapolar a otros ámbitos relativos a la salud y el bienestar, y a cómo reaccionan la mente y el cuerpo con la llegada del nuevo ciclo anual.

En primavera el organismo se altera

La primavera tiene repercusiones en el organismo, más o menos perceptibles según cada persona y las enfermedades que padezca. De manera general, está demostrado que los incrementos en las horas de luz y la temperatura inciden en la producción de determinadas hormonas y neurotransmisores. Entre estas sustancias, la oxitocina, la dopamina y la serotonina, todas relacionadas con el estado de ánimo y  los niveles de energía que sentimos. Unos cambios que pueden afectar a una mayor predisposición a las relaciones humanas, la atracción sexual y el deseo. Es decir, existe una base química en el hecho de la sangre se altere con la primavera.

Además de estas actitudes expansivas, la estación también trae consigo la denominada astenia primaveral, caracterizada por una sensación de decaimiento, fatiga y alteraciones en el sueño. La razón de estos síntomas, aunque parezca contradictorio, tiene que ver con las mismas modificaciones hormonales descritas. Son las propias variaciones de las sustancias químicas las que perturban el organismo y es la adaptación al cambio la que provoca los trastornos. Unos trastornos, por otro lado, pasajeros y vinculados exclusivamente al periodo que dure tal adaptación.

Síntomas que mejoran o se agravan

Pero, si hablamos del organismo completamente alterado en primavera, el paradigma de los problemas de salud lo constituyen sin duda las alergias. En el caso de la sensibilidad al polen está claro un origen relacionado con sus mayores niveles en el aire por el simple hecho de la floración de las plantas. Es la época por antonomasia de los estornudos, el picor de ojos o el asma. Se calcula que cerca de un 20%  de la población española sufre alergia a algún tipo de polen.

Por otro lado, hay que recordar, que según revelan estudios sobre el genoma humano, alrededor de un 25% del mismo se halla sometido a cambios provocados por las estaciones del año. Un trabajo realizado en 2015 en el IRB de Barcelona demostró que las células madre regulan su funcionamiento en relación a los ritmos circadianos, anticipando su comportamiento a las distintas estaciones.

Entre esos comportamientos que varían, se encuentran los que tienen que ver con las defensas del organismo. Científicamente se ha descrito que se elevaban en invierno, para así combatir enfermedades de carácter infeccioso típicas del tiempo frío, y descienden en primavera. Ese hecho interviene en las enfermedades autoinmunes, caracterizadas porque esas defensas atacan órganos y tejidos sanos, propiciando una mejoría con la llegada del buen tiempo al disminuir de manera natural su actividad.

En el lado contrario, un trastorno que puede agravarse en primavera, debido a las variaciones bruscas en la presión atmosférica tan habituales en la estación, es la artrosis. Se sabe que los cambios de presión ambiental actúan directamente en los receptores situados en las propias articulaciones, de tal forma que las molestias aumentarían en frecuencia e intensidad en periodos inestables climatológicamente hablando. Estos mismos cambios rápidos y bruscos de presión, de temperatura y de carga iónica afectan igualmente a las células nerviosas del organismo. No es extraño, por tanto, que esa desestabilización intervenga de manera destacada en el curso de algunas dolencias mentales. Así, para los procesos de depresión y de trastorno bipolar la primavera representa un periodo especialmente complicado, con un incremento de crisis, consultas e ingresos coincidiendo con ella. 

Virus y bacterias

Ciertos trastornos relacionados con el sistema digestivo también pueden verse empeorados en primavera. Por una parte, el calor afecta a los alimentos y facilita su contaminación, lo que propicia intoxicaciones si se consumen en mal estado. En esta estación son frecuentes las dolencias virales y bacterianas de carácter digestivo, como también un repunte de los síntomas en las úlceras gástricas. La situación es similar a la que se produce en otoño, y tiene que ver con una mayor actividad de la bacteria que las provoca, sin que por el momento se conozcan científicamente las razones de esa estacionalidad. No hay que olvidar tampoco, en el caso de los menores, que la primavera es campo abonado para el desarrollo y contagio de algunas enfermedades virales, como la conocida varicela, así como trastornos que también tienen especial incidencia en la infancia, caso de la meningitis.

Cuestión de piel

 Determinadas sensibilidades y reacciones cutáneas pueden empeorar en la primavera. Es lo que sucede con la dermatitis atópica, una dolencia que se ha incrementado en cerca de un 300% en los últimos 30 años. La mayor exposición al sol y a los alérgenos tiende a agravar los síntomas, con mayor sequedad en la piel, más irritación y un incremento del picor. Especial atención merecen también las manchas cutáneas, relacionadas directamente con la intensidad de los rayos solares y la exposición a los mismos, así como el acné, para el que la llegada del buen tiempo tampoco es precisamente un aliado. El calor produce un incremento de la grasa cutánea, que se suma a una mayor presencia de alérgenos y polvo ambiental, creando un cóctel que lo empeora.

En el lado positivo de la balanza primaveral y los problemas cutáneos, se halla la sequedad en el cutis. Mientras en invierno, el frío y el viento a los que está sometido el rostro agudizan el trastorno, la primavera lo alivia, gracias a la mejora del riego sanguíneo en la zona y un mayor tamaño de los poros por el calor. Además otro factor positivo lo constituye el sudor, que se eleva con las buenas temperaturas y actúa como depurador de la piel, ayudando a la liberación de toxinas de manera natural.

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