El consumo moderado de café es más beneficioso que perjudicial para la salud

Una revisión de 201 estudios elaborado por las universidades de Southampton y Edimburgo, en Reino Unido, concluye que el consumo moderado de café tiene más probabilidades de resultar beneficioso que perjudicial para la salud, salvo para mujeres embarazadas o con riesgo de osteoporosis.

 

El consumo moderado de café es más beneficioso que perjudicial para la salud

El trabajo, que recopila datos de 201 estudios y cuyas conclusiones publica la revista British Medical Journal (BMJ), ha revelado que el consumo de entre tres y cuatro tazas de café al día se asocia a un menor riesgo de mortalidad general y por enfermedad cardiaca, en comparación con quienes no toman nada, al tiempo que también se asocia a una menor incidencia de algunos tipos de cáncer, diabetes, enfermedad hepática y demencia.

Las investigaciones incluidas utilizaron principalmente datos observacionales, por lo que no se pueden sacar conclusiones claras sobre una relación causa y efecto, aunque están respaldados por otras revisiones recientes y estudios sobre la ingesta de café. En concreto, observaron que beber café se asocia constantemente con un menor riesgo de muerte por todas las causas y por enfermedades del corazón, con la mayor reducción de riesgo relativo de muerte con el consumo de tres tazas al día, en comparación con los que no beben nada. De hecho, a partir de esa cantidad no se produce ningún daño, pero el efecto beneficioso es menos pronunciado.

El café también se asoció con un menor riesgo de varios tumores, incluidos cáncer de próstata, endometrio, piel y hígado, así como diabetes tipo 2, cálculos biliares y gota. En ese sentido, el mayor beneficio se observó en las afecciones hepáticas, como la cirrosis. Asimismo, se observaron asociaciones beneficiosas entre el consumo de café y la enfermedad de Parkinson, la depresión y el Alzheimer.

En algunos estudios, se observaron beneficios similares con el consumo de café descafeinado. Los autores concluyen que el consumo de café "parece seguro dentro de los patrones habituales de consumo, excepto durante el embarazo y en mujeres con mayor riesgo de osteoporosis", y piden más y más profundos ensayos controlados aleatorios "para comprender si las asociaciones clave observadas son causales". En un editorial vinculado, el profesor Eliseo Guallar, de la Escuela de Salud Pública Bloomberg del Johns Hopkins (Estados Unidos), admite que pese a este hallazgo los médicos no deberían recomendar tomar café para prevenir enfermedades, así como tampoco debería tomarse por motivos de salud. No obstante, según añade, se ha visto que el consumo moderado de café parece "notablemente seguro", por lo que "la mayoría de la población adulta puede incorporarlo como parte de una dieta saludable".

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Cómo actúa en nuestro cerebro

Para la mayoría de las personas los días no empiezan hasta que no se toman un café. Y es que al margen del placer que nos proporciona su sabor, el café tiene una función muy específica: activarnos o reactivarnos.

Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria, hay una relación de causa-efecto entre la ingesta de cafeína y una mejora en la atención y los niveles de alerta en actividades de corta duración y alta intensidad. Diversos estudios han concluido que, en dosis controladas, estimula el rendimiento mental, y también nos ayuda a estar más despiertos en situaciones de falta de sueño, como a la hora de conducir de noche o de llevar a cabo trabajos nocturnos.

La cafeína es un estimulante del sistema nervioso central que, al consumirla, pasa rápidamente a nuestro cerebro. Sus efectos se perciben a partir de los 15 minutos tras la ingesta y duran hasta seis horas, y se deben a la capacidad que tiene, debido a su estructura molecular, para bloquear los receptores de adenosina, que son las moléculas que inducen el sueño.

En ocasiones la cafeína no solo nos despierta, sino que nos causa una oleada repentina de placer. Esto se explica a que también el neurotransmisor del placer, la dopamina, está involucrado en el proceso porque sus receptores están vinculados a algunos receptores de adenosina. Cuando la cafeína alcanza estas neuronas, activa y desata la dopamina, manteniendo bloqueada la adenosina.

Sin embargo, también pueden producirse efectos negativos, como el aumento en la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la micción o la diarrea, y contribuir al insomnio y a la ansiedad.

Asimismo, el café genera dependencia. Si en periodos determinados se consume más de lo habitual –épocas de exámenes, carga de trabajo, etc- vamos aumentando las dosis para provocar los mismos efectos. La explicación está en que al generar cada vez más receptores extra de adenosina (el organismo los fabrica para que esta pueda seguir funcionando), nos acabamos adaptando al consumo de cafeína y necesitamos más, ya que hay más receptores que bloquear. Cuando queremos volver a una situación de ‘normalidad cafetera’, reduciendo la dosis, experimentamos una especie de ‘síndrome de abstinencia’ en forma de dolores de cabeza, cansancio o bajo estado de ánimo, hasta que el organismo se habitúa.

 

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