Cómo afecta a la salud cada contaminante atmosférico

Aunque la contaminación en las ciudades es constante, cuando se producen episodios agudos, como ha sucedido en las últimas semanas, con restricciones al tráfico rodado y boinas sobre el skyline urbano, es el momento en el que asaltan más preguntas sobre de qué manera concreta está afectando a nuestra salud la mala calidad del aire que nos rodea.

Cómo afecta a la salud cada contaminante atmosférico

La inversión térmica del invierno

El clima invernal, con fases de anticiclón prolongadas, escasez de viento y lluvia, así como el uso de las calefacciones y los incrementos en la quema de combustibles fósiles para la producción de energía se hallan entre las razones de las altas tasas de contaminantes que especialmente se disparan en esta época del año. Detrás de esta estacionalidad también se encuentra el conocido como fenómeno de inversión térmica, que afecta a la circulación del aire frío y caliente  hacia  las capas altas de la atmósfera y actúa como una especie de tapadera sobre los contaminantes del aire, convirtiéndolo en una densa mezcla de compuestos que entra directa a los pulmones de la población.

En verano, más ozono malo

Pero si pensábamos que la primavera y el verano pudieran ser mejores aliados para la calidad del aire, sus análisis revelan que tampoco. Con el calor y la mayor incidencia de los rayos solares, se incrementan las concentraciones de ozono troposférico (ozono malo), que si bien no procede directamente de los tubos de escape y las chimeneas, sí se genera a partir de los compuestos que liberan. Curiosamente, el ozono ofrece tasas elevadas no tanto en el centro de las ciudades, como en lugares cercanos a ellas, situados en espacios rurales incluso naturales hasta los que se desplaza.

Muertes prematuras

Según un reciente informe de la Agencia Europea de Medio Ambiente, la contaminación atmosférica provocó en 2014 la muerte prematura de 428.000 personas en el continente. La Unión Europea habla de unos 17.000 fallecimientos igualmente prematuros por causa del ozono troposférico. La OMS calcula en más de 8 millones las muerte atribuibles a la contaminación. Unas cifras terribles que nos llevan a interrogarnos por cuáles son esos elementos que causan semejantes tasas de mortalidad y qué incidencia concreta tiene cada uno de ellos en nuestro organismo.

En primer lugar, existen dos tipos diferentes de contaminantes atmosféricos. Por un lado, estarían los primarios, que proceden del tráfico, las fábricas o las chimeneas domésticas. En este grupo se hallan el dióxido y el monóxido de carbono, el metano y los óxidos de nitrógeno y azufre. En el apartado de los denominados secundarios, que se dan por la combinación química de los primarios, se encuentran el ácido sulfúrico y el nítrico, además del mencionado ozono troposférico.

-El dióxido de nitrógeno. Se observa sobre todo en el aire de las ciudades y procede de la oxidación del óxido de nitrógeno. Este último es producido por los vehículos y también por las centrales eléctricas.

Afecta especialmente al sistema respiratorio y exacerba las dolencias de carácter asmático. La OMS calificó al óxido de nitrógeno como agente cancerígeno en 2012.

Monóxido de carbono. Aparece al encender un combustible, desde madera a carbón, pasando por gasolina o distintas clases de gas. Por tanto, su fuente principal son diferentes tipos de calefacción y el tráfico rodado, aunque actualmente los vehículos llevan sistemas catalizadores para reducir su emisión.

El monóxido de carbono es responsable de numerosas muertes producidas en lugares cerrados como viviendas, por la mala combustión de fuentes de calor. Respecto a la contaminación ambiental y sus efectos en el organismo, sus altas concentraciones inciden en el intercambio de oxígeno en la sangre y la conveniente oxigenación de los órganos y tejidos. Produce dolores de cabeza y fatiga, así como daños en el sistema nervioso y en el cardiaco.

Dióxido de carbono. Surge de la combustión de materiales como el petróleo, el gas o el carbón, y también de la fermentación de distintos compuestos. Su principal emisor son las industrias; además es una de las causas del conocido como efecto invernadero. El ser humano lo produce también a través de la propia respiración.

Además de en el sistema respiratorio, tiene incidencia especial en la salud ocular. Algunos estudios sobre sus efectos señalan que en altas dosis provoca daños en la retina y disminución de la visión.

Óxidos de azufre. Su producción se debe sobre todo a la industria. Se forma y libera en los procesos de combustión de los carburantes fósiles, como el petróleo.

Provoca trastornos respiratorios y cardiacos, con mayor incidencia en niños y personas mayores, así como cefaleas. Además, los óxidos de azufre afectan muy negativamente al ecosistema e incluso a las edificaciones, deteriorando materiales como la piedra.

Metano. Producido por fuentes naturales, también se forma a partir de actividades como la agricultura y la ganadería, las explotaciones de carbón subterráneas y los vertederos e incineradoras. Es la descomposición de la materia orgánica que se acumula en ellos la fuente de emisión.

Posee un fuerte y desagradable olor, y suele provocar dolores de cabeza y náuseas, además de problemas cutáneos. Es uno de los compuestos que más contribuye al calentamiento global.

Ozono troposférico. La capa de ozono que nos protege de los rayos solares se encuentra situada en la estratosfera y resulta necesaria para la vida en la Tierra. Sin embargo, el problema aparece cuando el ozono se concentra más abajo, es decir,  en la troposfera, debido a la acción de los rayos del sol sobre los óxidos de nitrógeno que emiten los vehículos y las industrias.

El ozono, cuyos niveles se disparan en primavera y verano por una mayor presencia de rayos solares, afecta especialmente a las vías respiratorias, por lo que es peligroso para las personas que sufren problemas de este tipo.

Ácidos sulfúrico y nítrico. Son los responsables de la llamada lluvia ácida, que afecta a ríos y lagos, y a la vegetación y animales asociados a este tipo de ecosistemas. Proceden de la combinación de óxidos con la luz solar y la humedad.

Provocan daños pulmonares.

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LOS MOTORES DIÉSEL, 4 VECES MÁS EMISIONES

Consumen menos combustible, pero a cambio, producen más contaminación, llegando a multiplicar por cuatro las emisiones de un motor gasolina, según datos del CSIC. Los motores diésel emiten cantidades superiores de óxidos de nitrógeno y azufre, y además producen más partículas en suspensión.

Tras años de promoción del diésel, especialmente en Europa, hoy se estimula exactamente lo contrario. Las restricciones al tráfico afectan de manera concreta a la circulación de coches de alta cilindrada y con estos motores, y además existe obligación específica para los fabricantes que los producen de reducir las emisiones que provocan. Sin embargo, ahí está el caso de la Volkswagen, que hace un par de años reconoció haber trucado los sistemas que alertaban sobre los límites de las mismas en nada menos que 11 millones de sus vehículos diésel. Por si fuera poco, las investigaciones también revelan que las emisiones de esta clase de motores afectan a las alergias. Se ha observado que el polen de las especies sometidas a altas tasas de contaminación por diésel poseen una mayor cantidad de proteínas alergénicas.

 

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